IX RUTA DEL DESTIERRO – Prolegómenos

 

Llega el día precedido de una noche de insomnio. Madrugón, suerte y al toro, que ya está todo el pescado vendido. Se empieza a montar la mesa de inscripciones. Un pequeño momento de calma antes de que estalle la vorágine de cientos de personas en busca de su acreditación. Nuestra tesorera, Mariluz, con mano firme, junto a Juli y Marijose, no dan abasto aunque ya tienen mucha experiencia.

Muchas caras conocidas de impenitentes reincidentes que año tras año repiten y repiten. Veo a Francisco, Ran, nuestro antiguo presidente, que viene a participar junto a un amigo y me hace mucha ilusión verlo otra vez por el monte y echo de menos a Óscar, su hermano, nuestro payaso particular, que tantas veces ha animado la comida. Nos acordamos de los que ya no están y nos hubiera gustado que estuvieran, de los que alguna vez arrimaron junto a nosotros el hombro porque ésta es y será siempre su Ruta. Saludo también a José Fernando, que el año pasado se batió el cobre con nosotros y puso todas las ganas e interés del mundo. Y como a mí me enseñaron que es de bien nacido ser agradecido, le vuelvo a reiterar el agradecimiento de nuestro Club hacia él.  Saludo a Donato y a los de Maluenda, a Carmelo de Cortes, a Guillermo y Jose Luis de Brea, a Jordi y al grupo de Cetina, al amigo Heredia del Ayud, a Víctor y Asun de Zaragoza, y, por supuesto, a los del pueblo. Con la mayoría de los otros he intercambiado llamadas y correos pero no los conozco personalmente.

Entre saludo y saludo, se van acercando las ocho y sigo sin poder desayunar ese delicioso chocolate con pastas que va de mano en mano, el nudo en el estómago se hace cada vez más grande. Fernando, Raúl, Ramón y Emilio no tienen suficientes manos para servir más de 500 desayunos. Empiezas a tirar de teléfono para comprobar que los primeros avituallamientos están listos. Ya respiras un poco más tranquilo. A lo largo de la jornada habrá que controlar nueve avituallamientos, nueve quebraderos de cabeza, y más de cincuenta impagables voluntarios. Eso sin contar a todos los miembros del Club que hoy les toca apechugar. Cuando te paras a pensarlo vuelves a ponerte nervioso.

 

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