IX RUTA DEL DESTIERRO – BTT

 

Ya se han ido los andarines y ahora toca el turno a los ciclistas. Te relajas un poco observando con sana envidia los “pepinos” que montan. Saludo a David de Cabestrero Bikes; a Carlos de Zaragoza con quien compartí el año pasado media mañana por culpa de un accidente que sufrió; a Robert de Embid de Ariza, un crack, que nos ha hecho un montón de publicidad en el BTT Zaragoza; a los que juegan como locales, Félix, Luismari, Raúl, los hermanos Pasamón, y algún que otro conocido. Ahora es el turno de Pascual, “alma mater” de la Ruta, omnipresente, imprescindible, incansable. Siempre me ha asombrado la gestión que hace del tiempo, su día parece que tiene más horas que las del resto de los mortales. Nadie es profeta en su pueblo pero él lo es entre sus amigos, que no somos pocos, y al final es lo que importa. Vuelvo a reafirmarme en la idea de que mi tiempo como organizador está hipotecado al suyo. El día que él diga adiós, veremos juntos los toros desde la barrera, y espero que me perdone por utilizar el símil de un mundo que tan poco le gusta.

Las motos y los quads ya están preparados. Miembros del Club y voluntarios en todos los puntos conflictivos, el despliegue es tremendo. Todo tiene que estar controlado porque los primeros van a ir a cuchillo. Se les comenta que no es una prueba competitiva pero, como siempre, les va a dar igual. Pascual, betetero incansable, coge el megáfono y se le nota la soltura, bromea y relaja el ambiente. Javi nos mira como pidiendo perdón por no haber podido involucrarse más este año en la BTT, pero nadie está obligado a dar más de lo que puede, y él ha dado mucho todos estos años. Son las ocho y media. Se da la salida a 128 ciclistas, 41 más que el año pasado. Parece que el boca a boca funciona y que no lo debemos estar haciendo demasiado mal.

No se van a aburrir. Nada más salir van a subir a la Loma del Campo a través de una cuesta interminable, para después transitar por los barrancos que limitan con Terrer y subir hasta Ascensión. De allí a las sendas del barranco del Piojuelo para llegar hasta Moros. Bajada hasta el Manubles y, a través de la Peña del Águila, encaminarse hacia Montenuevo. Ya “solo” les quedará recorrer la cresta de la sierra Caballero para llegarse hasta Santiago. Variada, entretenida, y con el calor que ya empieza a apretar, dura para muchos. Pero esta gente es de una pasta especial. Sabemos que muchos van a echar el hígado en las cuestas, otros besarán el suelo en las sendas y algunos les costará un mundo terminar, y, sin embargo, siempre son los más agradecidos. Nunca una mala palabra o un mal gesto, todo les está bien, entienden que no todo puede ser perfecto, que siempre puede haber algún pequeño fallo, y lo asumen. Son deportistas con mayúsculas. ¿Cómo no van a ser nuestra debilidad? Si te llaman para ver si pueden inscribirse y les explicas que no tenemos más capacidad en el Pabellón, y alguno te dice que le da igual, que no se queda a comer, y que no nos preocupemos por la camiseta ni por nada, que  lo único que quiere es hacer deporte y conocer la ruta. Pues que le vas a decir… que venga, que si hace falta me quedo yo sin comer y le doy mi camiseta, pero que venga.

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